Archive for the ‘procsilas’ Category
La mujer sin pene (VIII)
Sunday, September 20th, 2009(anterior)
Nada podía cambiar su decisión, había decidido enfrentarse a los tópicos típicos y se proponía visitar aquel bar que acababan de abrir, el Osobuco, nombre que a ella le recordaba más a un restaurante italiano que no a un antro de hombres que fuman y beben y más cosas, suponía. Como siempre, se enteraba de todo ojeando las revistas en el mismo quiosco donde había comprado aquella revista que casi la había vuelto loca con una espiral de ideas absurdas, mientras miraba al quiosquero de reojo el cual le devolvía una sonrisa de labios apretados como quien no necesita decir nada para entenderlo todo. En unas semanas se celebraría una nueva edición de aquel concurso completamente obsceno que consistía en escoger al mejor miembro de la clientela del local, literalmente, con la presencia del ganador del año pasado que cedería su trono (y a lo mejor también su cetro) al más plantado. Tenía que ir a aquel bar, ¿acaso no la dejarían entrar? Lo de reservado el derecho de admisión le parecía una tontería y, además, ¿no deberían ser los gays los más tolerantes? Seguro que podía tomarse una copa y estarse un rato prudente, sin llamar la atención. Así que planeó acercarse el próximo viernes por la noche, mezclarse con la multitud y explorar el territorio con vistas a la futura experiencia que se le anticipaba completamente fuera de lugar, como aquella conocida de una amiga suya que se fué a San Pedro, Méjico a tomar peyote y estuvo andando por el desierto catorce días, tan drogada que ni se dió cuenta de que le habían robado la mochila con todo el dinero y la documentación y suerte que otro grupo de seguidores de las costumbres del pueblo Huichol la encontro antes que la devoraran el sol, la sequedad ambiental y las ratas del desierto. Ella tomaría precauciones, como un peinado recogido acompañado de un gorro oscuro, unos tejanos y una camiseta anodina, así como un jersey a los hombros que en un momento dado podía utilizar para taparse la cara si se veía obligada a ello, ¿y si se encontraba a alguien conocido?, ¿cómo iba a explicarlo?, ¿que la había llevado un amigo?, ¿que había entrado en el bar porqué se encontraba indispuesta y necesitaba ir al servicio urgentemente?, ¿que ella solo iba por la música y pasaba del ambiente?… Ninguna respuesta en forma de pregunta le parecía satifactoria y eso la aterraba, pero estaba decidida, aquel viernes iba a romper uno de sus tabús (o tabúes, qué más da)…
(continuará)
lazos y uniones
Friday, September 18th, 2009La mujer sin pene (VII)
Tuesday, July 14th, 2009(anterior)
Mafalda ya casi había olvidado aquella revista, hacía tanto tiempo… más de un mes desde que la había leido por última vez, aunque todavía se sabía los reportajes de memoria. Ya no estaba ni aturdida ni enfadada, tan solo resignada por no poder disfrutar de semejante artefacto. Tuvo que esconderla porque un día la vió una amiga suya y tuvo que inventar una excusa mala para justificar aquella presencia extraña en su mundo. Ella era una mujer, guapa, moderna, resuelta, completa y hasta realizada, pero aquel pene tenía otros objetivos más oscuros, muy alejados de su realidad. Precisamente el reportaje iba sobre cuartos oscuros, ella recordaba sus pinitos con la fotografía, pero aquello era completamente nuevo, de hecho leer sobre aquel tema la excitó de forma inimaginable, la sola idea de entrar en una habitación poco o nada iluminada y verse (aunque a oscuras) rodeada de penes erectos prestos para su uso y disfrute le pareció una extraña versión del paraiso perdido, algo que combinaba deseo y rechazo, el morbo la empujaba hacia el lado oscuro pero su parte racional le decía que si penetraba en él podía hacerse daño o, peor aún, acabar enganchándose… Además, ¿cómo iba a entrar ella en un cuarto oscuro siendo una mujer? No tenía ninguna posibilidad, las ideas que le cruzaban la cabeza eran tan absurdas que la hacían pensar si no estaba desarrollando un transtorno obsesivo-compulsivo, la enfermedad de moda en aquella sociedad que ofrecía y negaba cada día los placeres más impensables…
mujer con pene
Wednesday, June 17th, 2009lo siento, en este blog sólo tenemos a “La mujer sin pene“
La mujer sin pene (VI)
Saturday, May 30th, 2009(anterior)
Aquella revista definitivamente superaba sus expectativas. Después de un día larguísimo absolutamente desconectada de la realidad cotidiana, formada por el pesado de su jefe que encima ni marcaba paquete, de las histéricas que tenía por compañeras (todo el día preocupadas por cosas irrelevantes como la crisis de Christian Lacroix o lo bueno que estaba Guardiola) y de un tiempo que se estiraba hasta aplastarla, finalmente encontró el momento y el lugar adecuados para poder echar un vistazo con todo detalle, sentada en el taxi de vuelta a casa con Falete berreando de fondo. El pene de la portada era sublime, se preguntó si no sería falso, semejante perfección era impropia de los humanos, especialmente si éstos eran hombres, ¿podía aquello existir y formar parte de un cuerpo y una mente menos perfectas? le pareció herético, tenía que saber de dónde colgaba (o mejor dicho, emergía) aquel artefacto divino. Al abrir la revista supo que el mundo era injusto, lo sospechaba por las matanzas de focas, la caza de ballenas por motivos científicos y el maiz transgénico usado como biocombustible, pero descubrir que aquel pene había ganado el concurso “Mr. Happy Glory Hole XXX” en versión gay fué un mazazo inesperado. No lo acababa de entender, pero ¿gay? ¿aquel pene perfecto era de un hombre que nunca se sentiría atraido por ella? Eso sí que era injusto y seguro que también anticonstitucional, pensaba llegar hasta Estrasburgo si aquel pene le era negado, menuda violación de sus derechos como mujer. -Son ventidos con cincuenta, señora-. El taxista la devolvió a la realidad, aunque por un momento ella hizo sus cálculos y consideró que como mínimo eran venticinco centímetros, así que le dió esa cantidad al taxista y salió del taxi en estado de shock, en parte por el fatal descubrimiento pero también por ese “señora” que le recordo primero su sexo, doblemente opuesto al objeto de deseo y, segundo, su edad, lo que la terminó de hundir un poco más. Necesitaba una copa o mejor dos o incluso mejor tres…
La mujer sin pene (V)
Thursday, April 30th, 2009(anterior)
-¡Lucía! ¿Me está escuchando?- Mafalda (ella no quería ser solamente Lucía, su verdadero nombre, pensaba en si misma como una niña inocente que quería cambiar el mundo siendo buena persona, un poco obsesionada, eso sí) volvió de repente de su ensueño a la realidad de la sala de reuniones. Las nubes y las estrellas que la acompañaban se esfumaron sin más. Su jefe la miraba perplejo, era normal que en aquellas reuniones tan largas perdiera el hilo de tanto en tanto, pero llegar al extremo de no responder una pregunta dirigida a ella era un error imperdonable e impropio de una mujer que iba por la vida sentando cátedra de todo aquello que parecía interesarla, siempre segura y seca. Después de disculparse y responder de forma automática utilizando fragmentos de conversaciones anteriores (era experta en eso), volvió a sus pensamientos alrededor de aquella portada que la había dejado completamente desconcertada, aún no había podido ni echar un vistazo al interior, de hecho la revista seguía enrollada en el fondo de su bolso (suerte que ahora se llevan grandes) esperando un momento mejor, la había tenido que esconder cuando en el ascensor entró en el último momento una compañera que le impidió disfrutar de ese pene erecto, que morbo, ella y aquel pene en un espacio cerrado, con Brian Eno sonando de fondo, hasta le pareció romántico…
La mujer sin pene (IV)
Thursday, April 16th, 2009(anterior)
Un día, camino del trabajo, Mafalda se paró como siempre en el quiosco al lado del semáforo de una placeta que iba cambiando de nombre en función del concejal de cultura de turno del ayuntamiento, si no fuera por la inercia votante de las masas pensaba que no daría tiempo a imprimir el callejero actualizado cada cuatro años (o menos). Hojeando las revistas de salud y belleza (lo del chocolate la tenía muy preocupada, bueno la preocupaba más bien el bikini pero la culpa era del chocolate) se fijó en una portada con un gran pene que aparecía de una oscuridad sugerente, sin ningún otro elemento de distracción. Mafalda casi se desmaya de la emoción. ¡Ese pene era exactamente lo que ella quería! Quizás Dios había escuchado sus plegarías, porque una portada así habría sido imposible en otros tiempos. Sin pensárselo dos veces ni leer una línia más compró tres o cuatro revistas que estaban cerca de temáticas diversas (incluyendo una de arquitectura para todos en fascículos) y, como quien escoge al azar y no quiere la cosa (aunque en este caso ella sí que quería esa cosa), puso en medio la revista de la portada fálica y pagó intentando disimular el rubor, aunque el quiosquero se limitó a devolverle el cambio y desearle un buen día sin prestarle mayor atención. Ella pensó que el buen día ya lo tenía, que impaciencia, la idea de no ir a trabajar y volver a casa a devorar aquella fuente de información que tenía en las manos se le hizo irresistible, pero su profesionalidad (y una reunión con su jefe en menos de media hora) se lo impedieron. Apretando el paso y los glúteos, Mafalda caminó resuelta hacia su cercano futuro con una sonrisa en sus labios y una sola obsesión, leer aquella revista lo antes posible…
La mujer sin pene (III)
Saturday, April 4th, 2009(anterior)
¡Quiero un pene! O dos, aquel maldito anuncio siempre se lo recordaba. Esa frase le martilleaba en los oidos, realmente su cerebro se la reproducía casi físicamente, a veces en medio de una conversación tenía que hacer esfuerzos para no realizar tal petición en voz alta. Iba por la calle andando y escrutaba disimuladamente los atributos de los varones con los que se cruzaba, esperando que no la descubrieran, o quizás sí, eso era lo que necesitaba, forzar la situación hasta ser capaz de enfrontarse a ella. Maldita educación judeo-cristiana, siempre pensando en la culpa y el miedo a ser castigada por algo tan nimio, cuando en el mundo alrededor suyo ocurrían atrocidades innombrables. ¿Por qué no era capaz de acercarse a un hombre y decirle sin tapujos “quiero tu pene”? Mafalda pensaba que siendo honesta también debería añadir “solo tu pene, tú no me interesas”, pero claro, eso espantaba al macho más machote y rompía con su imagen frágil y delicada, bueno, quizás hace unos años lo era, ahora el tiempo se había cobrado los excesos con los dulces y especialmente el chocolate, un sustituto fiel pero ya claramente insuficiente…
La mujer sin pene (II)
Tuesday, March 17th, 2009(anterior)
El principal problema de los penes es que no se encontraban así como así, iban pegados a sus propietarios que no se separaban de ellos ni un momento, al contrario, la mayoría de ellos se sentían orgullosísimos de semejante parte de su cuerpo y la reverenciaban más que a cualquier otra cosa en el mundo. El amor a los penes es algo muy extendido, pensaba Mafalda, ella lo entendía perfectamente aunque no iba por ahí predicándolo, le parecía innecesario y le daba un poco de miedo que se disparara la competencia. Una de sus amigas, que ya iba por su cuarta tupper-sex party (Mafalda pensaba que deberían llamarse sex-ware, aunque esto pudiera confundir a alguna estudiante de informática despistada), le dijo que si quería un pene se lo comprara de plástico o, mejor aún, de silicona, con un tacto suave, insuperable, que podía ser del tamaño que ella quisiera y hasta en ocho colores diferentes, del blanco más nordico al negro más senegalés.









