La mujer sin pene (II)

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El principal problema de los penes es que no se encontraban así como así, iban pegados a sus propietarios que no se separaban de ellos ni un momento, al contrario, la mayoría de ellos se sentían orgullosísimos de semejante parte de su cuerpo y la reverenciaban más que a cualquier otra cosa en el mundo. El amor a los penes es algo muy extendido, pensaba Mafalda, ella lo entendía perfectamente aunque no iba por ahí predicándolo, le parecía innecesario y le daba un poco de miedo que se disparara la competencia. Una de sus amigas, que ya iba por su cuarta tupper-sex party (Mafalda pensaba que deberían llamarse sex-ware, aunque esto pudiera confundir a alguna estudiante de informática despistada), le dijo que si quería un pene se lo comprara de plástico o, mejor aún, de silicona, con un tacto suave, insuperable, que podía ser del tamaño que ella quisiera y hasta en ocho colores diferentes, del blanco más nordico al negro más senegalés.

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2 Responses to “La mujer sin pene (II)”

  1. lida Says:

    sempre he pensat… “rechace imitaciones”….

  2. Bbx Says:

    como diría De Niro (y léase con su voz de doblaje)…”muy bien abogado” …. (ahora espero la continuación). Por cierto, mejor el texto que la foto :-(

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